Las organizaciones sindicales italianas, de la misma forma que las nuestras, mantienen su empeño contra los accidentes mortales y todo tipo de infortunios, incluidas las enfermedades sociolaborales.
09-09-2008 - En Italia, al igual que en nuestro país, el rayo que no cesa de la siniestralidad laboral sigue haciendo estragos en vidas humanas. Las organizaciones sindicales italianas, de la misma forma que las nuestras, mantienen su empeño contra los accidentes mortales y todo tipo de infortunios, incluidas las enfermedades sociolaborales. Ahora bien, nuestros amigos de aquel país han sacado el tema a la calle, a la plaza pública. Y la acción colectiva del sindicalismo confederal ha concitado que amplios sectores sociales “se tiren” a la arena ciudadana.
Un grupo de asociaciones –junto a las organizaciones sindicales— han puesto en marcha una iniciativa de grandes proporciones: una caravana (La carovana del lavoro sicuro) partió de Venecia el pasado día 5 de este mes con rumbo a todas las ciudades donde, en los últimos tiempos, han sucedido desgracias personales debidas a los accidentes de trabajo. Partió de Venecia porque allí se estaba celebrando la bienal de cine, cosa que fue pedida expresamente por el mundillo del séptimo arte. Paolo Baratta, el máximo responsable de la Bienal, apoyó la iniciativa y presidió la proyección de diversas películas que tratan sobre el tema de la siniestralidad.
Oído: el presidente de la República, Giorgio Napolitano, ha dado su apoyo a esta Caravana; el joven octogenario hace honor al refrán nuestro: genio y figura hasta la sepultura, una sepultura que deseamos que tarde mucho en llegar. Entre la cofradía de los artistas populares destaca nuestro viejo amigo Adriano Celentano que sorprendió al personal a mediados de los años sesenta con su canción Chi no lavora no fa l’ amore: una consigna de la que no sabemos sus consecuencias, ni tampoco consta que el autor haya hecho algo así como el balance de la gestión entre no trabajar y ayunar en sexo.
Más de doscientos diputados, intelectuales, artistas y personas de toda condición se han solidarizado con la marcha. En definitiva, la siniestralidad no es un problema invisible; algo que está escondido en el interior de los centros de trabajo. Es un problema público hasta tal punto que, como ha quedado dicho, el mismísimo Presidente de la República ha tomado cartas en el asunto. Así pues, Napolitano entiende que los almidones y algodones del alto cargo institucional sirven para algo más que lucir el palmito. ¿Se imaginan ustedes a nuestros altos dignatarios apoyando la movilización del día 7 de Octubre por el “trabajo decente”? La verdad ¿quién pondría el grito en el cielo? Pero, ¡hablemos claro! Napolitano es mucho Napolitano. Cosa que pudimos comprobar Joaquím González, el primer dirigente de los químicos y textiles españoles de Comisiones Obreras, y un servidor cuando cenamos con él –sí, sí: con Napolitano— en Barcelona en el hotel Calderón horas antes de que empezara la gran huelga general del 14 de diciembre de 1988. Ni qué decir tiene que en Parapanda todo el personal se ha apuntado a la movilización por el "trabajo decente": desde el presidente de la Chancillería hasta el bedel de la Universidad; desde el alcalde hasta el párroco; desde el Notario hasta el albéitar...
José Luis López Bulla
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