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Cuando Tesla Motors, firma pionera de coches eléctricos, se propuso hacer un modelo de lujo para el mercado estadounidense, pensó en fabricar las baterías en Tailandia, transportarlas en barco a Gran Bretaña para instalarlas allí y, luego, llevar los coches prácticamente acabados a Estados Unidos. Sin embargo, finalmente ha optado por realizar todo el proceso cerca de su sede, en California. La razón: ahorrarse el coste de transportar cada vehículo 8.000 kilómetros hasta su destino final.
La globalización del último cuarto de siglo ha hecho que encontrar camisetas y playeras con etiqueta Made in USA en los supermercados Wal-Mart o Target sea casi imposible. Pero con el fin del petróleo barato acaba también la lógica de las cadenas mundiales de suministro. “El modelo Wal-Mart es increíblemente intensivo en combustible en todas sus etapas, por lo que ahora se enfrenta a una gran inflación”, explica Naomi Klein, autora de La doctrina del choque: el nacimiento del desastre capitalista. “Es necesario replantearse el modelo”, añade.
Muchos economistas dudan que la globalización vaya a revertirse aunque el petróleo siga encareciéndose. No obstante, algunos opinan que para seguir ofreciendo precios bajos se necesita acercar parte de la producción al consumidor y que las cadenas globales de suministro —comprar mineral ferroso en Brasil para transformarlo en acero en China y fabricar allí lavadoras para transportarlas por barco hasta EEUU— tiene menos sentido hoy que hace 10 años.
Con el barril de petróleo a 125 dólares, transportar por barco un contenedor de 12 metros desde Shanghai a EEUU cuesta unos 8.000 dólares, frente a los 3.000 dólares que valía hace una década, cuando el barril rondaba los 10 dólares. Para ahorrar combustible los grandes barcos contenedores han recortado su velocidad máxima en casi un 20%, pero esto ha hecho aumentar sustancialmente los tiempos de entrega. Un estudio del banco de inversión canadiense CIBC World Markets señala que el transporte por vía marítima supone el 9% de los costes comerciales y que “hoy es la mayor barrera que se encuentra el comercio global”.
Del mueble a la alimentación
Para evitar los costes del transporte marítimo, el gigante sueco de los muebles Ikea abrió su primera fábrica en EEUU en mayo. También algunas compañías electrónicas que se mudaron a China hace unos años atraídas por los bajos salarios del país están regresando a México, desde donde pueden llegar con camiones hasta Estados Unidos.
Especialmente afectadas pueden resultar las industrias de productos voluminosos o pesados. Las exportaciones de acero de China a EEUU están cayendo más de un 20%, su peor evolución en una década, mientras la producción americana está subiendo tras años de bajada. Motores y maquinaria, componentes de automoción, prensas industriales, neveras, televisores y todo tipo de aparatos para el hogar resultan también muy susceptibles a priori.
Mueble, zapatería, juguetería y, en general, sectores que requieren menores inversiones en infraestructura muestran ya signos de movilidad. En el caso del mueble, Carolina del Norte y Virginia están recuperando su fuerza tradicional, dañada los últimos años por Asia. Ikea, La-Z-Boy e incluso Craftmaster Furniture —compañía fundada en Carolina del Norte, pero ahora en manos chinas— se han instalado en la zona. Igualmente, en alimentación se aprecia cierta vuelta a los producos autóctonos.
La Gaceta
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